LECTURAS EN
LO QUE INDICAN LOS INDICADORES

¿Podemos confiar
en la confianza
del consumidor?

JONATHAN HEATH

Economista, egresado de la Universidad Anáhuac. Tiene estudios de posgrado en Economía de la Universidad de Pensilvania. Posee más de 35 años de experiencia en el análisis de la economía mexicana y sus perspectivas. En este tiempo ha sido Economista Principal de México en varias instituciones financieras globales y consultorías internacionales. Ha sido profesor en la Universidad Panamericana, el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey, la Universidad Anáhuac, la Universidad de las Américas y la Universidad Iberoamericana, donde ha impartido cursos relacionados con la economía mexicana, su historia y sus perspectivas. De igual modo, ha impartido materias de macroeconomía, política monetaria, inflación y empleo en la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco como profesor invitado de tiempo completo. Ha sido conferencista en más de 50 universidades en México y Estados Unidos. Es autor de “Lo que indican los indicadores”, “Para entender al Banco de México”, “La Maldición de las Crisis Sexenales” y “El dinero”. Es el creador de los Indicadores IMEF Manufacturero y No Manufacturero, al igual que de la Encuesta Mensual de Expectativas IMEF.

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LECTURA

Introducción

Una de las familias de indicadores económicos se conforma por los indicadores de difusión. Se construyen en forma ágil y rápida, por lo que son muy oportunos, ya que se calculan a partir de percepciones subjetivas (a diferencia de una medición cuantitativa). En muchos casos, como en los indicadores de pedidos manufactureros, la percepción del encuestado proviene de datos duros de su empresa sin tener que revelar en cuánto más aumentó la producción, simplemente tiene que señalar si aumentó o no. En este sentido, son respuestas cualitativas que marcan una dirección, mas no una medición exacta. En el caso de la confianza del consumidor, las percepciones provienen de su entorno políticoeconómico, su experiencia personal y su desempeño como agente económico en el que participa cotidianamente.

En principio, el indicador de confianza del consumidor es de una interpretación sencilla, que marca el sentimiento de las personas en función de cinco preguntas que abarcan la situación económica de su hogar y del país, en la actualidad y en el futuro. Muchos analistas piensan que el enfoque principal debería ser para anticipar el consumo de bienes y servicios, sin otorgarle mayor importancia en términos de otras interpretaciones. Sin embargo, la correlación entre la confianza y el consumo de los hogares no es tan elevada. El indicador sirve más como un termómetro del sentimiento económico de la población y de la percepción general sobre la marcha de la economía.

Dada la importancia de este indicador, es relevante entender su contexto y lo que el propio indicador nos sugiere sobre las percepciones del consumidor. Para ello, después de una breve introducción, se empezará examinando los hechos estilizados que se manifiestan en el indicador de confianza del consumidor, ya que da un marco esencial para analizar los datos mes a mes. Enseguida, se verá que el indicador revela un comportamiento estable entre los distintos subíndices de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), consistente con los hechos estilizados. De allí se estudiarán las percepciones del consumidor, a través del tiempo, para confirmar que son también consistentes con los ciclos económicos del país y que enmarcan eventos especiales que han impactado al consumidor. Posteriormente, se relatará la evolución de este indicador para alcanzar el grado de confiabilidad que tiene hoy en día. De igual modo, se examinará a fondo la forma como se presentaban los resultados, la cual era poco transparente y hasta engañosa para el usuario. Incluso, de haber mantenido esta forma, no se podrían conocer los hechos estilizados, ni analizar el comportamiento en el tiempo como se presentó al principio. Después se repasará cómo el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y el Banco de México (Banxico) corrigieron esta presentación para dotar de transparencia al indicador y convertirlo en algo mucho más útil, al igual que se apuntarán las lecciones para no volver a cometer estos errores. A raíz de los esfuerzos para enmendar los problemas originales, se comentará un estudio que realizó el INEGI que introduce el Umbral Leyva, una referencia útil en la interpretación del indicador hoy en día. Finalmente, se hablará de los esfuerzos que realizó el INEGI en tiempos de la pandemia para no sufrir una discontinuidad en las series y se presentará un apartado de conclusiones.

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1. ¿Cómo se mide la confianza del consumidor?

El indicador proviene de la Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor (ENCO), que integra 15 preguntas sobre las percepciones que tienen los consumidores sobre la situación económica actual y futura, en la cual se abordan los ámbitos individual, de sus hogares y del país, con respecto a sus posibilidades para adquirir diferentes bienes, incluyendo sus planes de ahorro, de la actividad económica en general y de la situación del empleo y la inflación a nivel nacional.

El indicador de confianza se construye a partir de cinco de estas preguntas mediante la metodología tradicional de los indicadores de difusión.1 Cada pregunta tiene por lo regular cinco posibles respuestas,2 que van desde “mucho peor” (pesimismo total) hasta “mucho mejor” (optimismo total). Se ponderan las preguntas para construir el indicador, de tal forma que, si todos responden las cinco preguntas con las respuestas más optimistas, el indicador tendrá un valor de 100, mientras que, si todos responden con las más pesimistas, valdría cero. De esta forma, hay un umbral natural que divide una ponderación optimista de una pesimista, que tiene un valor de 50.

El indicador tiene dos ventajas importantes: en un momento dado, dice el grado de optimismo que tiene el consumidor y cómo cambia esta percepción con el tiempo. Cada una de las 15 preguntas se convierte en un indicador de difusión que, junto con el Indicador de Confianza del Consumidor (ICC), están disponibles en el Banco de Información Económica (BIE) en la página de internet del INEGI.

La ENCO se aplica en 2 336 viviendas pertenecientes a 32 áreas urbanas de interés y estratificadas en tres tipos de ingresos: alto, medio y bajo, con la distribución que señala el cuadro 1:3

1 Para conocer esta metodología se recomienda la lectura del capítulo 9 del libro “Lo que indican los indicadores” de Heath (2012), o en su defecto, consultar el documento metodológico del INEGI (2016).

2 Algunas de las preguntas tienen
menos opciones de respuestas.

3 INEGI (2016), p. 9.

Cuadro 1
Distribución de la muestra de viviendas por estrato, ciudad y resto de áreas urbanas
Número de viviendas encuestadas en la ENCO

Fuente:
ENCO de INEGI.

Gráfica 1
Indicador de confianza del consumidor

I Indicador de confianza del consumidor
I Tendencia-ciclo

Fuente:
ENCO de INEGI. Para los
meses de abril a junio de
2020 los datos provienen de
la ETCO.

El levantamiento mensual de la encuesta involucra un esquema de rotación de la muestra con el propósito de no cansar al entrevistado con visitas frecuentes. Cada muestra mensual “se divide en ocho paneles de rotación, cada uno de los cuales permanece en la muestra cuatro meses consecutivos, descansa ocho meses y vuelve a la muestra otros cuatro meses, al fin de los cuales sale definitivamente de la misma”.4 Cada mes son sustituidos dos paneles (25%), de tal manera que de un mes a otro se conserva 75% de la muestra y transcurrido un año se tiene 50% de las viviendas que estaban en muestra el mismo mes del año anterior.

Tal cual, la interpretación de los diversos subíndicadores y del indicador es muy sencilla ante el rango de 0 a 100 con el umbral de 50 puntos que divide la zona de optimismo de la de pesimismo. Se puede ver cómo va cambiando con el tiempo, mientras que en cualquier momento dado se sabe con certeza el “nivel” de confianza del consumidor. Todos los subíndicadores son comparables entre sí, al igual que pueden contrastarse con otros indicadores similares, como los que surgen de la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE).5 Justo a raíz de estas comparaciones, a través del tiempo, se registran ciertos hechos estilizados del consumidor mexicano.

2. Hechos estilizados de la confianza del consumidor6

En función del examen del comportamiento de los diversos indicadores que salen de la ENCO desde 2001 a la fecha, se pueden destacar ciertos hechos estilizados de la confianza del consumidor, los cuales nos darán luz para entender la estructura y dinámica del mismo.

Primero. El consumidor mexicano siempre es pesimista; a veces más, a veces menos, pero siempre pesimista. Desde que se empezó a levantar la ENCO, en abril 2001, hasta el último dato disponible de septiembre de 2020, el indicador de confianza nunca ha rebasado el umbral de 50 puntos para situarse en la zona optimista. Su promedio histórico es de 39.4 puntos, mientras que ha variado entre un mínimo de 28.8 (en enero de 2017) y un máximo de 48.4 (en febrero de 2019), lo que comprende un rango de casi 20 puntos. De hecho, de las 234 observaciones a lo largo de ya casi 20 años, el indicador ha superado los 45 puntos en tan solo nueve ocasiones (gráfica 1).

4 INEGI (2016), pp. 7-13.

5 Básicamente, la EMOE consiste
en preguntas similares, pero se
lleva a cabo con empresarios
de los sectores manufacturero,
comercial, de construcción
y servicios.

6 Todas las cifras presentadas a
continuación hacen referencia
a los datos de la ENCO hasta
septiembre de 2020 y el sistema de
indicadores cíclicos y coincidentes
a julio de 2020.

Gráfica 2
Condiciones actuales versus condiciones futuras

I Indicador de condiciones actuales
I Indicador de condiciones futuras

Fuente:
ENCO de INEGI.

Segundo. El consumidor mexicano siempre ve el futuro con más optimismo que el presente. De las 15 preguntas de la encuesta, cuatro piden la opinión del entrevistado de la situación actual comparada con la de hace 12 meses, mientras que cuatro repiten la misma situación, pero preguntando cómo será dentro de 12 meses respecto a la actual. Las preguntas son sobre la situación económica del individuo, de los miembros de su hogar, la situación económica del país y las posibilidades de ahorrar.

Las situaciones económicas del encuestado y de los miembros del hogar son las que han guardado menos distancia entre la situación futura y la actual, siendo que las dos preguntas sobre la situación futura han tenido un promedio por arriba de los 50 puntos, es decir, existe mucho optimismo sobre el futuro en los hogares. De hecho, son las dos preguntas que han alcanzado los niveles máximos en el tiempo, ambos por arriba de los 59 puntos. En cambio, las diferencias entre el futuro y la situación actual en referencia de la situación económica del país y de las posibilidades de ahorro siempre manifiestan una situación mucho más optimista para el futuro, resultado de un mayor pesimismo relativo en torno a la situación actual.

Para mostrar estas diferencias, se construyeron dos indicadores de difusión mediante las cuatro preguntas. En el primer indicador, se incluyen las cuatro que preguntan sobre las condiciones actuales; mientras que en el segundo se incluyen las cuatro sobre las condiciones futuras. En la gráfica 2 se puede observar cómo el indicador de condiciones futuras siempre se ha ubicado por encima del de condiciones actuales. De hecho, este indicador ha superado el umbral de 50 puntos en varias ocasiones para situarse en la zona optimista. La fecha en que más se acercaron fue en enero de 2017, cuando el “gasolinazo” ocasionó manifestaciones, saqueos y un descontento generalizado en la población. En esa fecha, ambos indicadores disminuyeron en forma abrupta, siendo que el de
condiciones futuras registró su mínimo histórico. La fecha en que más se distanciaron fue en diciembre de 2018 con la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Igualmente, ambos indicadores aumentaron y registraron máximos históricos, aunque el de condiciones futuras aumentó todavía más.

Gráfica 3
Situación del hogar versus situación del país

I Situación del hogar
I Situación del país

Fuente:
ENCO de INEGI.

Tercero. El individuo entrevistado siempre considera que los miembros de su hogar enfrentan una situación más optimista que la propia. En este caso, la diferencia entre las percepciones del entrevistado y de los miembros de su hogar no es tan grande como en los casos de los demás hechos estilizados, ya que en promedio es de tan solo dos puntos. En una sola fecha, de abril de 2001 a agosto de 2020, se obtuvo un puntaje igual entre ambos (octubre 2004), mientras que en febrero de 2005 el nivel de los miembros del hogar alcanzó 48.6 puntos, 3.6 más que la del entrevistado.

Cuarto. El consumidor mexicano siempre ve la situación de su hogar con mayor optimismo que la situación del país, ya sea en la actualidad o para el futuro. A través de los casi 20 años de la ENCO, el consumidor nunca ha
visto la situación económica actual del país en la zona de optimismo. De hecho, la mejor percepción (45.8 puntos) fue en abril de 2001, cuando se levantó la encuesta por primera vez; mientras la peor percepción (22.6 puntos) fue en enero de 2017. La percepción promedio de la situación económica actual del hogar se ha situado en 44.8 puntos, 10.1 puntos por encima del promedio de la situación económica actual del país.

Lo mismo sucede en cuanto al futuro, de ahí que la situación del hogar ha promediado 52.4 puntos comparado con 43.3 puntos para el futuro del país. A diferencia con la situación actual, la del futuro, tanto para el hogar como para el país, han alcanzado niveles relativamente elevados, de 59.2 y 58.2 puntos, respectivamente. Al igual que con los indicadores especiales de las condiciones actuales y futuras (gráfica 2) se pueden construir dos indicadores para comparar las situaciones del hogar con la del país. El primer indicador -de las situaciones del hogar- combina la percepción actual y presente, mientras que el segundo indicador hace lo mismo, pero para el país. Como se puede apreciar en la gráfica 3, siempre se observa más optimismo en relación con el hogar versus el país.

Gráfica 4
Confianza del consumidor versus la confianza empresarial

I Confianza empresarial
I Confianza del consumidor

Fuente:
ENCO, ETCO y EMOE
de INEGI.

Quinto. El consumidor mexicano siempre es más pesimista que el empresario. Aquí la comparación es entre la ENCO y la EMOE, las dos encuestas de confianza. Las cinco preguntas de la encuesta del consumidor para la construcción del indicador de confianza son las mismas que se utilizan en la encuesta de opinión empresarial. En el caso de la situación económica del hogar en la actualidad y para el futuro se pregunta sobre la situación de la empresa. En el caso de las opiniones sobre la situación del país, ambas preguntas son idénticas. La última de las cinco preguntas se enfoca en oportunidades de inversión; en el caso del consumidor es sobre las posibilidades que tiene para comprar bienes duraderos, mientras que para el empresario es sobre las oportunidades de inversión. Lo que se observa, no es solo que el indicador de confianza empresarial se ubica por encima del de confianza del consumidor, sino que el empresario muestra mayor optimismo en cada una de las cinco preguntas.

En la gráfica 4 se puede apreciar la diferencia constante entre ambos indicadores. En promedio -de 2004 a septiembre de 2020- el empresario se ubica en 12.3 puntos por encima del consumidor. Sin embargo, en la crisis de la Gran Recesión de 2009 se desplomó la confianza empresarial mucho más que la del consumidor. Este descenso fue a tal grado que la diferencia entre ambos indicadores registró un mínimo de tan solo 0.4 puntos en febrero de 2009. No obstante, la recuperación empresarial fue igual de significativa al concluir dicha recesión, de tal forma que para agosto de 2010 se observó la mayor diferencia entre ambos, de 20.4 puntos. Algo similar volvió a suceder durante la pandemia de 2020: se desplomó la confianza empresarial en una magnitud mayor
que la del consumidor, de tal forma que se volvió a estrechar la brecha entre ambos, llegando a una diferencia de tan solo 1.3 puntos en marzo de 2020.

Del comportamiento observado entre ambos indicadores de confianza, podemos adicionar a este quinto hecho estilizado que, aunque el empresario siempre es bastante más optimista que el consumidor, en tiempos de crisis agudos la diferencia se estrecha. Si bien existe una correlación positiva entre ambos,7 la confianza del empresario es más susceptible a las recesiones pronunciadas.

7 El coeficiente de correlación de enero de 2004 a agosto de 2020 es de 0.5929.

3. Ranking histórico de los subíndicadores de la ENCO

Como ya se había explicado, se construyen subíndices de difusión para cada una de las 15 preguntas de la ENCO. Aunque ya no como hechos estilizados, mantienen un ranking relativamente estable en cuanto a los niveles relativos de optimismo. Por ejemplo, la percepción de la situación económica de los miembros del hogar para dentro de 12 meses casi siempre es la más optimista de las 15 preguntas. Su promedio de 52.4 puntos es el más elevado: su máximo de 59.2 puntos es el más alto de todas las preguntas y su mínimo de 41.0 puntos es también el más optimista de los mínimos de todos los subíndices. Por el otro lado, la pregunta que siempre recibe es la respuesta más pesimista, que en promedio es 10.7 puntos, y es si están planeando comprar un automóvil nuevo o usado en los próximos dos años (cuadro 2).

Podemos agrupar las 15 preguntas en tres categorías: seis preguntas que giran alrededor de la situación económica del hogar; tres que abarcan la situación económica del país; y cinco que se refieren a las posibilidades de comprar bienes y servicios. Resulta interesante que, grosso modo, las relacionadas con la situación económica del hogar son las que reciben las respuestas más optimistas, las de la situación del país son las intermedias y las de las posibilidades de compra registran el mayor pesimismo. En otras palabras, el consumidor
siempre ve con cierto optimismo su situación económica, en especial su futuro, mientras que responde en forma pesimista cuando se le pregunta por sus posibilidades para comprar bienes. Sin embargo, parte de esto podría estar asociado a que algunos consumidores no tienen una necesidad de comprar dichos bienes.

Las cinco preguntas de la ENCO que ven las posibilidades de compra siempre tienen el mismo ranking entre sí. Se pregunta por los planes o las posibilidades para comprar bienes de primera necesidad, adquirir bienes duraderos, salir de vacaciones, comprar o rentar una casa y comprar un automóvil, ya sea nuevo o usado. El mayor optimismo siempre se registra en las mayores posibilidades para comprar ropa, zapatos y alimentos, es decir, bienes de primera necesidad a diferencia del año pasado. El segundo lugar son las posibilidades económicas para salir de vacaciones en los próximos 12 meses y en tercero, las posibilidades para comprar bienes duraderos (estufa, refrigerador, televisión, etcétera). En penúltimo lugar, se encuentran los planes para comprar, construir o remodelar una casa en los próximos dos años, mientras que las respuestas más pesimistas
siempre son en torno a los planes para comprar un automóvil nuevo o usado en el mismo horizonte de dos años. En buena medida, este orden obedece a las prioridades de los consumidores en términos de sus necesidades.

Cuadro 2
Ranking de los subíndices de la ENCO1/

1/ Se ordena de mayor
a menor con respecto al
promedio. Este último,
junto con los valores
mínimo y máximo, se calcula
considerando todas las
observaciones disponibles
para cada indicador.

Fuente:
Elaboración propia con datos
de la ENCO de INEGI.

Gráfica 5
Confianza del consumidor1/ y el ciclo económico2/ 

I Ciclo económico de crecimiento (SIC)
I Confianza del consumidor
I Tendencia-ciclo

1/ Eje izquierdo: Ciclo económico.

2/ Eje derecho: Confianza del
consumidor.

Fuente:
ENCO y SIC de INEGI.

4. Las percepciones del consumidor

Mediante el indicador de confianza del consumidor, la ENCO permite mapear los sentimientos del consumidor a través del tiempo en función del ciclo económico, los acontecimientos económicos, políticos y sociales y los momentos de mayor aprehensión y júbilo. Resulta interesante observar que existe cierta correlación entre el indicador y todos estos factores, aunque no tanto con el consumo de los hogares. En la gráfica 5 se puede apreciar la relación entre el ciclo económico SIC8 y la confianza del consumidor. La correlación entre ambos indicadores era de 0.5859 hasta fines de 2013. Sin embargo, durante el sexenio de Enrique Peña Nieto se rompió la correlación cuando la confianza marcó una clara tendencia a la baja, a pesar de que la economía seguía
en su fase de expansión.

Entre 2001 y 2003 la economía mexicana estuvo en recesión, tiempo en el cual la confianza del consumidor mostró una tendencia a la baja. Cuando la economía empezó a recuperarse a partir de 2004, la confianza marcó una mejoría constante, que duró hasta fines de 2006. Aunque la Gran Recesión de 2008-2009 no arrancó hasta septiembre de 2008 con la quiebra de Lehman Brothers, la confianza anticipó esta crisis por casi un año al marcar una clara tendencia a la baja a partir de 2007, que se aceleró seis meses antes de que empezara la recesión. La recuperación de la confianza a partir de 2010 fue a la par con la recuperación económica hasta 2013. Sin embargo, el incremento en la inseguridad y la corrupción marcaron una disminución paulatina en la
confianza a partir de 2014, a pesar de que la actividad económica continuó creciendo. Entre 2017 y 2019 se manifestaron dos acontecimientos históricos en el sentimiento del consumidor, ambos ajenos al ciclo económico. En tanto, en 2020 se registró una caída histórica en línea con la crisis sanitaria.

El primer evento fue el “gasolinazo” de enero de 2017, que ocasionó manifestaciones, disturbios y saqueos generalizados en todo el país. La reacción de enojo del consumidor se manifestó en una de las disminuciones más acentuadas en la historia del indicador, en lo que fue posiblemente el error más grande de política económica del sexenio. El impacto negativo de este evento fue tan marcado que registró un mínimo en el sentimiento del consumidor más grave que en el peor momento de la pandemia de 2020. El segundo evento fue el triunfo indiscutible de Andrés Manuel López Obrador, en julio de 2018, acentuado con el inicio de su sexenio. La esperanza que representó la llegada a la presidencia de un candidato más identificado con el pueblo hizo que la confianza registrara su máximo histórico en febrero de 2019. No obstante, el comienzo de una recesión en 2019 logró revertir el sentimiento positivo a partir del segundo trimestre de ese año, fenómeno que se acentuó con el desplome de la actividad económica en 2020.

8 Se utiliza el ciclo de crecimiento
conocido como SIC por el INEGI,
que es distinto al ciclo económico
clásico (SICCA), por no tener un
componente de tendencia. Véase
el capítulo 3 de Heath (2012) y la
lectura de Pablo Mejía en
este libro.

5. Un indicador de confianza sin confianza

Como se comentó al principio, el indicador tiene dos ventajas importantes: en un momento dado, revela el grado de optimismo que tiene el consumidor y dice cómo cambia esta percepción con el tiempo. Ambos datos son cruciales para un buen análisis del indicador, en especial para la comparación entre los distintos subíndices con la confianza empresarial. Justo al conocer esta información es que podemos derivar los hechos estilizados comentados y los ranking históricos. Sin embargo, no siempre fue así. Desafortunadamente, en los primeros 15 años de la ENCO, solo se proporcionaba información acerca de cómo se movía la confianza en el tiempo, sin dar a conocer el nivel relativo de “optimismo” en un momento dado. Al no publicar la información sobre el nivel real del indicador se impedía un análisis completo de la confianza del consumidor y daba pie a que se cometieran muchos errores conceptuales y de interpretación.

¿Cómo es que no se daba a conocer esta información tan crucial? El INEGI empezó a levantar la encuesta en el año 2000 con las cinco preguntas que se necesitaban para el cálculo del indicador, con una muestra urbano-rural de 5 056 viviendas mensuales de manera ininterrumpida. Sin embargo, a los pocos meses se suspendió el levantamiento debido a las medidas de austeridad y disciplina presupuestal en el Instituto, con la idea de que se cancelaría el proyecto. Afortunadamente, después de entender mejor la necesidad de contar con el indicador, se retomó en abril de 2001 con la misma muestra mensual. Un par de años después se logró llegar a un acuerdo con el Banco de México (Banxico) para que financiara la encuesta, con una muestra más pequeña de 2 336 viviendas y la introducción de diez preguntas adicionales. Desafortunadamente, el Banco de México decidió que estas diez preguntas fueran confidenciales, solo de uso interno para la institución. El examen de los datos previo a su
publicación final reveló que el indicador siempre se ubicaba en la zona de pesimismo, es decir, por debajo del umbral de 50 puntos. En ese momento la pregunta fue: ¿cómo dar a conocer un indicador de confianza que mostraba que no había confianza? En los primeros años cuando se levantó la encuesta, de 2001 a 2003, la economía mexicana se encontraba en recesión, situación que parecía explicar el pesimismo del consumidor. Sin embargo, a los casi 20 años de la encuesta, el indicador nunca se ha ubicado por encima de los 50 puntos.

Para no publicar un indicador que consistentemente denotaba pesimismo, el Banco de México y el INEGI decidieron no publicar la mayor cualidad del indicador: la que sitúa el grado de optimismo relativo que tiene el consumidor en un momento dado. En consecuencia solo se publicaba su cambio en el tiempo. Esto se hizo al convertir cada uno de sus cinco componentes en un índice en donde enero de 2003 fuera igual a 100 y se publicó el indicador como el promedio de estos cinco índices. Por lo mismo, si en junio de 2018 el “índice” del consumidor era 89.8, eso significa que el nivel de “optimismo” se ubica 10% por debajo del que existía en enero de 2003. Pero ¿qué tan optimista se estaba en enero de 2003? La información publicada simplemente ocultaba la respuesta. 9 Muchos de los analistas no se dieron cuenta de esta manipulación y falta de transparencia en la divulgación de los resultados de la encuesta y los que sí lo hicieron tenían poca confianza en el índice de confianza.

9 Ahora se sabe que el nivel de
confianza de enero de 2003 fue
de 40.88 puntos.

Divulgar el indicador en forma de índice involucra muchos problemas analíticos, de consistencia y de falta de transparencia. El primer problema que surge es de interpretación y posible confusión. Vamos a ilustrar este problema con un ejemplo, utilizando las encuestas de preferencias electorales entre Andrés Manuel López Obrador y Enrique Peña Nieto en la contienda para la presidencia en 2012. Si se tomaran los resultados mensuales que se levantaron entre enero de 2011 y junio de 2012, se encontraría una ventaja significativa para Peña Nieto desde el comienzo y una tendencia a través del tiempo que mostraba que la diferencia se iba acortando, aunque al final Enrique Peña Nieto mantuvo ventaja suficiente para llegar a la presidencia. La interpretación analítica es muy simple: Peña Nieto tenía una ventaja muy grande que se fue acortando con el tiempo, pero al final terminó ganando, aunque con una ventaja mucho menor. Ahora dividimos las respuestas de cada mes por una constante de tal forma que las preferencias de cada candidato fueran iguales a 100 en enero de 2011. En principio, no se sabría quién tiene la ventaja en un momento dado, sino solo cómo cambian a través del tiempo. Una gráfica mostraría preferencias iguales a 100 en enero de 2011 y después, un incremento continuo para López Obrador y una disminución para Peña Nieto. Sería sumamente fácil malinterpretar la gráfica y pensar que López Obrador ganaría.

Aquí el indicador original son los resultados de la encuesta, que muestran mes con mes, quién llevaba la delantera y cómo iban cambiando las preferencias con el tiempo. Al convertirse en “índice”, se esconde la información sobre cómo estaban posicionados cada uno y solo revela los cambios con el tiempo. El resultado es un indicador confuso que se presta a errores analíticos sin que el usuario se dé cuenta. Para ilustrar lo último, cito a dos economistas de mucho prestigio y a quienes respeto mucho, pero que cayeron en el engaño que provocaba el índice sin que se dieran cuenta. Primero, el economista principal de Vector, Rodolfo Navarrete, escribió en uno de sus reportes que tanto la confianza del consumidor como la empresarial aumentaron mucho en julio de 2018, pero que lo más relevante no solo fue el fuerte movimiento, sino que también que pasara de la zona de desconfianza a la zona de confianza, “arriba de los 100 puntos en el caso de los consumidores y arriba de 50 puntos en el de los empresariales”. El segundo especialista, Jaime Reusch, quien fuera en ese año Senior Credit Officer de Moody’s Investors Service dijo, básicamente, lo mismo en su presentación en el Seminario “Inside Latam”, en septiembre de 2018.10

El problema se complicaba aún más cuando se quería comparar los resultados de un subíndice con otro, ya que al igualarlos a 100 no son comparables. Tampoco se podían comparar los subíndices (y menos el índice total) de la confianza del consumidor con los distintos indicadores de confianza empresariales, a pesar de que son preguntas prácticamente iguales. En otras palabras, no se podían poner juntos en una gráfica con fines comparativos los distintos subíndices e índices, ya que generaría confusión y una mala interpretación de los resultados.

10 Aquí solo cito dos ejemplos.
Sin embargo, fueron docenas de
casos de inconsistencias y análisis
equivocadas a través de los años.
Véase Heath (2018b).

6. Lecciones para un indicador de confianza más confiable

En resumen, con el tiempo se fueron recopilando los problemas que presentaban el mantener el indicador en forma de índice. Lo que sigue es de importancia para evitar una situación como esa en el futuro. No se recomienda presentar un indicador de difusión en forma de índice porque: 1) básicamente oculta información, es menos transparente y de interpretación dudosa (no agrega información o la posibilidad de mayor o mejor análisis, solo resta); 2) se limita el indicador a ver su cambio en el tiempo; 3) se elimina su intervalo de 0 a 100 (o cualquier otro), por lo que su “valor” en cualquier momento dado no tiene mayor interpretación; 4) se elimina la referencia a un umbral que separa el optimismo del pesimismo o la expansión a la contracción; 5) su interpretación gráfica puede conducir a interpretaciones erróneas; 6) no se pueden comparar los subíndices de un indicador entre sí; 7) no se puede comparar un indicador (confianza del consumidor) con otro (confianza empresarial) a pesar de contener las mismas preguntas; 8) a pesar de ser un “índice”, pierde las propiedades mismas de un índice (en términos algebraicos, de un vector); 9) cambia el valor porcentual de un mes a otro, lo que lleva incluso a la posibilidad de un cambio de signo; y 10) no es matemáticamente consistente con el indicador.

La inconsistencia de presentar la confianza del consumidor en forma de índice se hizo evidente por primera vez cuando el INEGI empezó a levantar la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial (EMOE) para primero publicar el indicador de confianza del productor y, posteriormente, los indicadores de confianza empresariales. Desde su origen, el INEGI publica los indicadores de la EMOE en su forma de indicador de difusión de “balance”, sin convertir a índice. Llamó la atención que publicaba dos indicadores de difusión con preguntas similares, uno en forma de índice y el otro no. Eran dos indicadores que tienen la misma metodología, cálculo, preguntas, etcétera, pero publicados en formas diferentes.11 La falta de claridad no permitió a los usuarios saber que no se podían comparar entre sí.12

El presidente del INEGI en su momento, Eduardo Sojo,13 siempre decía que había que tomar las críticas como asesorías gratuitas y las quejas como solicitudes de servicios. Por lo mismo, aceptó escuchar las críticas y atender la solicitud de eliminar la conversión del indicador a índice. No obstante, fue una tarea difícil que tardó prácticamente cuatro años. En 2014, el presidente del INEGI solicitó al Banco de México que aprobara el cambio.14 Sin embargo, la Junta de Gobierno del Banxico no atendió la propuesta, pero aceptó publicar el balance. Así, con el dato de junio de 2015 se difundieron ambos cálculos de la confianza del consumidor. Además, se acordó publicar los resultados de todas las preguntas que integran el cuestionario, aunque fuera en términos del índice. No obstante, poco tiempo después, también se empezaron a publicar las preguntas adicionales en forma de balance. En principio, la publicación del indicador en su forma original fue un avance. Sin embargo, la publicación de ambos produjo mucha confusión entre sus usuarios, incluso entre los más expertos, ya que la mayoría no entendía la diferencia. Aunque se daban a conocer ambos a la vez, el boletín de prensa daba mayor importancia al “índice”.

El esfuerzo de dejar de publicar el índice continuó en 2016, al asumir Julio Santaella la presidencia del INEGI. El Instituto volvió a presentar sus argumentos al Banco de México sin éxito y no fue hasta 2018, tras las gestiones de la Dirección General de Estadísticas Sociodemográficas del INEGI, que ambas instituciones aceptaron divulgar solo el indicador en sus boletines de prensa, pero los índices correspondientes siguieron publicándose en las páginas de internet de ambas instituciones. Finalmente, en noviembre de 2018, el INEGI propuso al Banxico que ambas instituciones dejaran de actualizar y publicar los índices de las series de la confianza del consumidor, lo cual requería la aprobación de la Junta de Gobierno del mencionado instituto central. Este capítulo doloroso se cerró en junio de 2019 cuando la Junta de Gobierno del Banxico aprobó que se dejaran de actualizar y publicar los índices de las series de la confianza del consumidor.15

7. Umbral Leyva

El primer hecho estilizado que se comentó es que el consumidor mexicano siempre es pesimista; a veces más, a veces menos, pero siempre pesimista.

11 Aunque las dos encuestas son muy similares en estos sentidos son producidas por dos Direcciones Generales (DG) distintas: la ENCO por la DG de Estadísticas en los Hogares y la EMOE por la DG de Estadísticas en Establecimientos.
12 Si bien el INEGI publicó las metodologías de cada programa estadístico, donde se aclaraban las formas de cada estimador, esto no era sustituto de hacerlo explícito no solo a los usuarios expertos que consultan las metodologías, sino también al público en general.
13 Eduardo Sojo fue presidente del INEGI del 27 de agosto de 2008 al 31 de diciembre de 2015.
14 El Banco de México financia la encuesta por lo que, de acuerdo con el convenio de colaboración, ambas instituciones tienen que aprobar cualquier modificación.
15 Las series que, por distintas razones, ya no son actualizadas no pueden ser eliminadas del Sistema de Información Económica (SIE) del Banxico o del Banco de Indicadores Económicas (BIE) del INEGI; únicamente se informa al usuario cuando intenta acceder al sitio que ellas dejaron de actualizarse en la fecha correspondiente en el caso de Banxico, y quedan depositadas en la sección de “Series que ya no se actualizan” en el BIE del INEGI.
Gráfica 6
Confianza del consumidor y Umbral Leyva

I Indicador de confianza del consumidor
I Tendencia-ciclo
I Umbral Leyva

Fuente:
ENCO de INEGI y Leyva,
Páez & Sainz (2016).

Analíticamente, no debe importar ya que no es necesario ubicarse en la zona de optimismo para que el consumidor aumente sus compras. Simplemente se debe reconocer que el umbral de los 50 puntos no es relevante para calificar la confianza y de allí derivar un comportamiento diferenciado del consumidor. Más bien, se podrían realizar estudios econométricos para determinar los rangos en que el consumidor se retrae o expande sus compras. Esto fue justo lo que hizo Gerardo Leyva con otros dos colaboradores en 2016 (gráfica 6).16

Ante la controversia de que el INEGI publicara la confianza del consumidor en forma de índice en vez de indicador, el Instituto empezó a investigar más a fondo las ventajas y las desventajas. En el estudio de Leyva se examinó la manera en que se presentan los resultados de la ENCO, poniendo especial atención en la conveniencia de que los indicadores se difundan principalmente en forma de balance,17 lo que abona a la transparencia y utilidad de la información. Para contribuir al mejor aprovechamiento de los datos de la ENCO,
se estimó un umbral estadístico con las cifras en balance del indicador de confianza y alternativamente con el indicador de expectativas económicas del hogar, que sirve para anticipar, con cierta probabilidad, las variaciones anuales del consumo privado en México.

Los autores encontraron que cuando el indicador de difusión toma un valor igual o mayor a 34.5, la probabilidad de que el consumo privado aumente respecto al mismo mes del año anterior es de 94%, y cuando toma un valor menor, la probabilidad de que el consumo privado disminuya en relación con el mismo mes del año previo es de 90%. El valor del umbral es tal que cuando el indicador está por encima de él se maximiza la probabilidad de que el consumo privado tenga una variación anual positiva y, cuando está por debajo, se maximiza la probabilidad de que la variación anual del consumo privado sea negativa. Ante esta estimación, se bautizó este umbral de 34.5 puntos como Umbral Leyva. Al final del estudio, los autores subrayan la importancia de que la estimación del umbral empírico está sujeta a la incertidumbre y debe ser revisada de forma periódica conforme se vaya disponiendo de series más largas.

16 Gerardo Leyva es el director general adjunto de Investigación del INEGI. Véase Leyva, Páez & Sainz (2016).

17 Un indicador de difusión presenta un balance de los resultados en forma de porcentaje ponderado de sus respuestas, por lo que se le llama un indicador de balance (siempre y cuando no se convierta en índice).

8. Encuesta Telefónica de Confianza del Consumidor18

Ante el estado de emergencia sanitaria originada por el COVID-19, el INEGI adoptó medidas extraordinarias para sustituir el levantamiento de encuestas presenciales entre abril y junio de 2020. En el caso particular de la ENCO se canceló en los tres meses correspondientes ante la imposibilidad de realizar entrevistas cara a cara. Con la finalidad de darle continuidad a la información sobre el tema durante la contingencia sanitaria, el INEGI diseñó e implementó de manera alternativa la Encuesta Telefónica sobre Confianza del Consumidor (ETCO). En lugar de entrevistas presenciales, se recolectó información de la población de 18 años y más de edad que cuenten con teléfono. Se llevó a cabo el esfuerzo en 32 ciudades del país, una por entidad federativa. De esta forma, se logró retomando las 15 preguntas que componen la ENCO para continuar generando el indicador.

Con el propósito de contar con una muestra en cada una de las 32 áreas urbanas que abarca la ENCO, el INEGI diseñó una muestra que se distribuyó de manera equitativa en 29 de las 32 áreas, con 200 números telefónicos en cada una de ellas, mientras que en la Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey se asignaron 400 números. En las llamadas telefónicas, se replicaron todos los aspectos conceptuales y teórico-metodológicos que se utilizan en la ENCO. No obstante, el INEGI recalcó que, dado que las características de la recolección de información y el marco muestral fueron distintos a los de la ENCO, los datos de ambos proyectos no son estrictamente comparables en su contextualización teórica. Aun así, los resultados obtenidos de la ETCO son una aproximación aceptable a los indicadores que tradicionalmente capta la ENCO. De esta manera se evitó una discontinuidad de las series de tiempo de los distintos indicadores de la ENCO.

18 Véase INEGI (2020).

Conclusiones

La ENCO cumplirá 20 años de levantamiento en abril de 2021 y eso hace que ya se cuente con un acervo muy valioso de series de tiempo que provee mucha información sobre las percepciones de los consumidores mexicanos. En este periodo el Banco de México y el INEGI lograron corregir el problema conceptual de la manera como se presentan los resultados, por lo que ahora los indicadores son más transparentes y consistentes. También se superaron y repararon los daños ocasionados por la emergencia sanitaria entre abril y junio de 2020 para evitar una discontinuidad temporal en las series de tiempo. Gracias a estos esfuerzos, hoy tenemos un indicador de confianza robusto y sumamente útil para el análisis de la coyuntura mexicana, en el cual podemos confiar.

Para concluir, me quedan tres detalles a comentar: uno es una advertencia, otro es una sugerencia y el tercero es un deseo. Primero, cabe aclarar que los resultados de la ENCO no se ponderan por nivel de ingreso de cada encuestado. Sin embargo, resulta muy diferente el poder adquisitivo de cada hogar, ya que una persona de un estrato de ingresos alto va a consumir mucho más que un individuo de ingresos bajos. En muy buena medida, la baja correlación entre la confianza del consumidor y el consumo de bienes y servicios en los hogares se debe a este factor.

Segundo, los resultados mensuales de la ENCO se publican hasta el día cinco o seis del mes posterior al levantamiento. Sin embargo, la EMOE divulga sus datos el primer día hábil del mes. Hace unos años, se publicaba la EMOE hasta el día cinco o seis del mes, pero se cambió la fecha al primer día hábil para estar en línea con la práctica internacional de dar a conocer los resultados de los indicadores de difusión al principio de cada mes. ¿Por qué no se hace lo mismo con la ENCO? Para ello, se sugiere un esfuerzo coordinado entre el Banco de México y el INEGI, así como al interior de estas instituciones. La EMOE se elabora en la Dirección General de Estadísticas de Establecimientos, mientras que la ENCO se trabaja en la Dirección General de Estadísticas de los Hogares. Sería muy positivo que el INEGI empezara a divulgar los resultados de la ENCO el primer día hábil del mes.

Finalmente, mi deseo: felicito al INEGI por los 20 años de este indicador, por estar atento a las críticas (asesorías gratis) y dispuesto a mejorar siempre sus indicadores. El resultado es que hoy tenemos un indicador de confianza en el que podemos confiar. Ojalá que el Instituto haga un buen evento para conmemorar este aniversario y que me inviten a la celebración. Enhorabuena. 

7

Bibliografía

Heath, Jonathan (2001), “La Confianza del Consumidor”, Periódico Reforma, 4 de diciembre, México.

Heath, Jonathan (2012), “Indicadores de difusión”, en Lo que indican los indicadores: cómo utilizar la información estadística para entender la realidad económica de México, pp. 229-278, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México.

Heath, Jonathan (2013), “La Confianza del INEGI”, Revista Ejecutivos de Finanzas, 11 de abril, México, Enlace

Heath, Jonathan (2014), “La Confianza”, Arena Pública, 8 de octubre, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2015), “Confianza del Consumidor”, Arena Pública, 16 de abril, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2015), “La Opinión del Consumidor”, Periódico Reforma, 15 de julio, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2015), “Mejora INEGI la Confianza”, Periódico Reforma, 8 de julio, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2016), “Consumo sin confianza”, Periódico Reforma, 9 de noviembre, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2016), “La Confianza”, Periódico Reforma, 19 de octubre, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2017), “El Desplome en la Confianza”, Periódico Reforma, 8 de febrero, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2018), “Contradicciones en la Confianza”, Periódico Reforma, 11 de julio, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2018), “Menos pesimista pero todavía pesimista”, Periódico Reforma, 26 de septiembre, México, Enlace 

Heath, Jonathan (2018), “Regresa la Confianza”, Periódico Reforma, 8 de agosto, México, Enlace 

INEGI (2016), “Encuesta Nacional sobre Confianza del Consumidor 2015 (ENCO)”, Documento metodológico, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México, Enlace 

INEGI (2020), “Encuesta Telefónica sobre Confianza del Consumidor (ETCO)”, Documento metodológico, Instituto Nacional de Estadística y Geografía, México, Enlace 

Leyva, Gerardo, Páez, Olinca & Sainz, Esperanza (2016), “Un umbral empírico y otras recomendaciones para el reporte de la confianza del consumidor en México”, Realidad, datos y espacio. Revista Internacional de Estadística y Geografía, 7(1): pp. 112-121, Enlace 

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